El gobierno del primer ministro Keir Starmer anunció este lunes una de las medidas más ambiciosas en materia de protección digital infantil: la prohibición del acceso a las redes sociales para todos los menores de 16 años en el Reino Unido. La normativa entrará en vigor a partir de la próxima primavera y busca posicionar al país como referente mundial en la regulación del entorno digital para niños y adolescentes.
La decisión sigue el camino ya trazado por Australia, aunque el ejecutivo británico asegura que sus restricciones irán incluso más lejos. La lista de plataformas afectadas es extensa e incluye algunas de las aplicaciones más populares entre los jóvenes: Snapchat, TikTok, YouTube, Instagram, Facebook y X. Sin embargo, aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Signal quedarán excluidas de la prohibición. Además, la medida se extenderá también a servicios de gaming y plataformas de live streaming, donde se han registrado crecientes casos de adultos intentando contactar a menores.
Para garantizar el cumplimiento de la norma, el gobierno exigirá a todas las plataformas que implementen sistemas de verificación de edad. Starmer reconoció públicamente que siempre existirán formas de evadir los controles, pero defendió la iniciativa con un argumento contundente: «No hemos dejado de prohibir el alcohol porque algún menor haya sido capaz de comprar bebida. Sería ridículo seguir ese argumento y no lo acepto», declaró desde Downing Street.
El respaldo ciudadano a la medida ha sido abrumador. Tras un período de consulta pública que finalizó el pasado 26 de mayo y recibió aproximadamente 116.000 respuestas, el 90% de los padres consultados expresaron su apoyo absoluto a la prohibición. Este contexto social contrasta con la presión ejercida por las grandes tecnológicas y el propio gobierno de Estados Unidos, que en las últimas semanas habían intentado disuadir a Starmer de avanzar con la regulación o al menos de moderar sus alcances.
El gobierno también estudia medidas complementarias para menores de 18 años, como los llamados «toques de queda digitales» que establecerían horarios máximos de uso, así como límites al tiempo dedicado al scrolling en sus teléfonos móviles. Según los medios británicos, la decisión también tiene un componente político interno: Starmer enfrenta en los próximos días un desafío a su liderazgo en el Partido Laborista, y la prohibición podría interpretarse como un intento de consolidar su legado ante la opinión pública.