El juego del calamar: una crítica a la sociedad capitalista surcoreana

La serie surcoreana de Netflix El juego del calamar (Squid Game) se estrenó en la plataforma de streaming el 17 de septiembre; en unos cuantos días, los seguidores llenaron internet con referencias, memes y críticas positivas.

En poco más de una semana, la serie superó las barreras culturales y lingüísticas y alcanzó la primera posición en popularidad en 90 países, desde Qatar y Omán hasta Ecuador y Bolivia. Por otro lado, en Estados Unidos Squid Game entró el 19 de septiembre a la lista de las 10 mejores series y películas en el octavo puesto. Subió al segundo lugar al día siguiente y el 21 de septiembre consiguió el número 1; es la primera serie original surcoreana en lograr este hito.

El programa muestra una especie de Battle Royale con cientos de jugadores que deben enfrentarse en distintos juegos infantiles. Sin embargo, cuando los jugadores pierden no quedan simplemente fuera del juego, sino que mueren.

Más allá de recordarnos estas actividades de niños (aunque de una manera brutal), Squid Game es una crítica a la sociedad capitalista surcoreana, la cual incluso se puede relacionar con varios otros países que cuentan con el mismo modelo. La serie tiene que ver con las divisiones socioeconómicas de la población, la desigualdad de ingresos, la explotación de los ricos hacia las personas con menos recursos y la desesperación de la clase trabajadora de Corea del Sur por sobrevivir.

juego del calamar squid game

Lo que hizo Hwang Dong-hyuk, creador de la serie, fue tomar influencias de diferentes mangas (cómics japoneses) y manhwa (cómics coreanos) —como Battle Royale, donde las personas deben matarse entre sí en un lugar escogido por el Gobierno— y combinarlas con una especie de tradición coreana: programas cómicos de TV donde la gente participa en diversos juegos, como Infinite Challenge y Running Man. Es por eso que, para también darle un toque de nostalgia, la serie incluye juegos infantiles como las canicas, tira y afloja, y el escondite inglés (luz roja, luz verde), que han sido actividades disfrutadas en diversas culturas por años.

Sin embargo, a todo esto Hwang Dong-hyuk le agregó las problemáticas sociales. En específico, la complicada situación socioeconómica que han vivido las personas que alguna vez fueron de una clase media sólida y terminaron trabajando a cambio de salarios más bajos debido la economía inestable de Corea del Sur.

Esta situación es representada principalmente con el protagonista de Squid Game Seong Gi-hun (interpretado por Lee Jung-jae). En el primer capítulo, nos cuentan que es un hombre divorciado de unos 45 años que vive con su madre, y no en las mejores condiciones. También nos muestran que tiene una hija pequeña, trabaja como chofer y apuesta el poco dinero que consigue (incluso robándole a su madre) en las carreras de caballos. Además, le debe millones a un líder mafioso.

Seong Gi-hun se entera de que su hija se irá a Estados Unidos el próximo año junto a su mamá y su padrastro, así que, para recuperarla, debe ganar dinero y demostrar que puede hacerse cargo de la pequeña. La desesperación por su situación económica es lo que llama la atención de los reclutadores del Juego del Calamar, una misteriosa organización que le ofrece la oportunidad de ganar una enorme suma de dinero (alrededor de $38 millones de dólares) a cambio de participar en una serie de juegos con consecuencias mortales junto a otras personas.

Al no encontrar otra alternativa para conseguir todo el dinero que necesita para sus objetivos, Seong Gi-hun decide ingresar al juego sin saber lo que le esperaría. En los nueve episodios que dura la serie (con capítulos de aproximadamente una hora), vemos al protagonista en sus intentos por ganar mientras lucha por mantener su humanidad en un entorno violento e insensible.

Seong Gi-hun en el Juego del Calamar.

“Corea del Sur es un país que ha sido realmente próspero si nos fijamos en algunos de los indicadores económicos. Es un país que está totalmente asociado con el milagro económico del río Hangang (que representa el rápido y triunfante crecimiento de la economía de libre mercado del país)”, explica Kyung Hyun Kim, cineasta y profesor de estudios visuales y de Asia Oriental en la Universidad de California en Irvine (vía Vox).

“Es un país pequeño, pero en realidad se eleva por encima de su categoría de peso en términos de producción para las cifras de exportación, PIB per cápita. Sin embargo, también tiene la tasa de suicidios más alta del mundo. Los números se ven más sombríos cada año”, agrega Hyun Kim.

Para él, estos indicadores tienen que ver con “los problemas económicos y la polarización de las clases”, pero no solo eso, sino que también existe “un tipo de vergüenza extrema asociado con ser pobre y ser un fracaso para la familia y la comunidad”.

De acuerdo con Hyun Kim, “Corea siempre ha sido hegemónica y monolítica en términos de raza y política. Corea insiste en ser ‘una sangre’, este rito (en el que muchos coreanos) todavía insisten para determinar lo que significa ser uno. El criterio étnico es mucho más importante que cuánto tiempo ha estado en el país y así sucesivamente. Ese es otro factor sobre el que se construye ese sombrío sentido distópico de vergüenza: la sociedad coreana realmente ha alimentado esta sensación de desesperación y ansiedad que creo que es parte de la imagen de Squid Game”.

Seong Gi-hun gritando al no poder conseguir un regalo de cumpleaños para su hija.

Debido a la complicada situación del protagonista de la serie, muchos coreanos pueden empatizar con él. Sin embargo, también pueden hacerlo personas que no pertenecen a esa cultura, porque lo que vive Seong Gi-hun es algo que sobrepasa las fronteras. Además, la serie pone a los espectadores en los zapatos de este, de forma que permite reflexionar en torno a si tomarían las mismas decisiones que él si estuvieran en su lugar.

En la serie, a Seong Gi-hun y al resto de los participantes se les pregunta qué tan lejos llegarían por conseguir dinero, y son colocados en situaciones extremas para ver si realmente vale la pena entregar tanto esfuerzo físico y mental.

Ahora, si lo llevamos a la realidad, estas son las mismas interrogantes a las que se enfrentan las personas en la vida diaria que viven bajo una sociedad capitalista: ¿cuánto pueden tolerar por conseguir dinero? ¿Qué tipo de trabajo estarían dispuestos a ejecutar o cuánto abuso permitirían a cambio de un sueldo? Aunque en la serie sea de ficción, su trasfondo traspasa los límites de la pantalla y simplemente lo que hace es mostrar la realidad de una enorme población a nivel mundial.

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