Josh D’Amaro ha sido designado como el próximo presidente ejecutivo de The Walt Disney Company, consolidando el desenlace de una de las sucesiones más vigiladas en la historia de la industria del entretenimiento. A los 54 años, el experimentado ejecutivo asume el cargo procedente de la dirección de Disney Experiences, división que agrupa los parques temáticos, cruceros y productos de consumo, con un valor anual de 36.000 millones de dólares.
D’Amaro lleva casi tres décadas vinculado con la compañía, habiendo ascendido gradualmente desde su puesto inicial en el departamento contable de Disneyland. Su trayectoria lo ha posicionado como arquitecto de proyectos emblemáticos tales como la zona Star Wars: Galaxy’s Edge y el Campus de Vengadores en Disneyland, así como de iniciativas de expansión valuadas en 60.000 millones de dólares que incluyen un nuevo parque en Abu Dabi.
Sucede a Bob Iger, quien ha permanecido al frente de la corporación durante dos décadas y ha sido fundamental en la revitalización de la marca mediante adquisiciones estratégicas como Pixar, Marvel Studios, Lucasfilm y el estudio cinematográfico de 21st Century Fox. La división de parques, bajo el liderazgo de D’Amaro, ha generado cerca del 60 por ciento de las ganancias operacionales de Disney durante el último ejercicio fiscal, evidenciando su importancia estratégica dentro del conglomerado.
Sin embargo, D’Amaro enfrenta desafíos considerables en su nuevo rol. Analistas señalan que posee escasa trayectoria en la rama cinematográfica y televisiva, ámbitos en los cuales Iger demostró amplio dominio. Además, debe navegar un panorama mediático transformado por la inteligencia artificial, gestionar negociaciones contractuales con gremios creativos previstas para mayo y junio, y contrarrestar la presión política que ha aquejado a la compañía recientemente.
Inversores estadounidenses recibieron positivamente la noticia, considerando a D’Amaro un gestor predispuesto a consolidar operaciones y preservar el valor de las franquicias de Disney. Especialistas describen su perfil como el de un «constructor-operador» capacitado para mantener la esencia corporativa mientras moderniza procesos, una cualidad que contrasta con el perfil de «negociador visionario» que caracterizó a su predecesor.