La espera fue larga. Cuatro años separaron la segunda de la tercera temporada de Euphoria, la serie de HBO que convirtió a Zendaya en una de las actrices más aclamadas de su generación y que transformó la estética del drama juvenil para siempre. Sin embargo, el regreso de la producción creada por Sam Levinson, estrenado el domingo 12 de abril de 2026, no llegó con el triunfo esperado. En cambio, vino acompañado de polémica, críticas timoratas y una escena protagonizada por Sydney Sweeney que encendió las redes sociales de manera inmediata.
La escena del bebé: el detonador
Todo comenzó incluso antes de que el segundo episodio saliera al aire. El mismo día del estreno del primer capítulo, HBO lanzó un avance anticipado con imágenes de lo que vendría. Entre esos clips, uno en particular detonó una ola de reacciones: Sydney Sweeney, quien interpreta a Cassie Howard, aparecía caracterizada con un vestido rosa translúcido, pañal, coletas y chupón, en una pose explícita frente a una cámara. La escena se enmarca dentro de una trama en la que Cassie, en un intento desesperado por ganar dinero, decide convertirse en creadora de contenido para adultos en una plataforma similar a OnlyFans.
Las reacciones en redes sociales no tardaron. Usuarios de todo el mundo calificaron la imagen de «repugnante», «perturbadora» e incluso cuestionaron si se trataba de una imagen generada por inteligencia artificial. Un usuario escribió sin rodeos: «Ese clip de Sydney Sweeney disfrazada de bebé sexualizado en ese programa de televisión podría ser una de las cosas más perturbadoras que vi aquí en mucho tiempo». Otro simplemente preguntó: «¿Quién demonios quiere ver eso?».
Según reportó Mashable, la controversia fue tan intensa que HBO se vio obligado a dar una respuesta sorpresiva frente a las críticas, lo que volvió a poner en el centro del debate los límites creativos de la serie y las responsabilidades del canal sobre el contenido que decide mostrar. El personaje de Cassie ya en la primera temporada aparecía en escenas con Nate tomando fotos vestida de perro, lo que sugiere que Levinson ha profundizado deliberadamente en la degradación de este personaje como eje narrativo.

La propia Sweeney se ha manifestado en el pasado sobre el peso que tienen este tipo de escenas. En una entrevista de 2022 con The Hollywood Reporter, la actriz señaló: «La gente olvida que estoy interpretando un personaje. Piensan: ‘Oh, se desnuda en pantalla, es un símbolo sexual’ y no puedo superar eso». Sweeney también declaró que no tiene ningún problema con ese tipo de escenas y que no dejará de hacerlas, aunque lamentó que «no haya una forma más fácil de tener una conversación abierta sobre lo que suponemos de los actores en la industria».
Una temporada que no convence a la crítica
La polémica en torno a la escena de Sweeney llegó en el peor momento posible para una producción que ya acumulaba malas críticas antes de su estreno. Las primeras reseñas de medios especializados de Estados Unidos no fueron favorables.
The New York Post fue el más demoledor, calificando la tercera temporada de «un desastre total» y afirmando que «si buscas coherencia narrativa y consistencia en los personajes, la tercera temporada te dejará con ganas de más». Vulture apuntó a otro problema: el ritmo. «Los episodios resultan excesivamente lentos debido a la narración dolorosamente expositiva de Rue y a la tensión sin resolver entre la dinámica de personajes ya conocida de la serie y el llamativo nuevo género al que se ha incorporado». The Hollywood Reporter, por su parte, sentenció que «la serie se ha vuelto cada vez más ajetreada, sin que ello implique necesariamente que se vuelva más interesante».
IndieWire tampoco fue benevolente: «La mayoría de los personajes no cambian, y sus motivaciones para ello tampoco les resultan claras ni nos parecen novedosas». En España, la crítica de 20 Minutos se preguntó qué pasó con el glitter, los colores saturados y la música a todo volumen que definieron el sello visual de la serie, aunque destacó el trabajo de Zendaya y las incorporaciones de Priscilla Delgado y Rosalía como los puntos más altos de la temporada.
No todo fue negativo. The Independent tomó distancia y reivindicó la propuesta: «‘Euphoria’ asume sus contradicciones y, en esta última temporada, demuestra que las ha dominado». Pero esa voz fue minoritaria en un coro que mayoritariamente señalaba el agotamiento creativo de la serie.
Los fans, entre la defensa y la decepción
En redes sociales, la división fue evidente. Mientras una parte de la audiencia expresó su decepción tras la larga espera, afirmando que el primer episodio «arruinó» la serie o que se siente como «un show completamente diferente», otros defendieron que la crudeza y la incomodidad son parte constitutiva del ADN de Euphoria y que la serie sigue siendo adictiva.
El debate no es nuevo para la producción. Desde su primera temporada, Euphoria ha navegado en las aguas turbulentas de la controversia: su retrato sin filtros del consumo de drogas, la sexualidad adolescente y los traumas familiares siempre generó tanto admiración como rechazo. Pero esta tercera entrega parece enfrentar un desafío diferente: no solo la polémica moral, sino el cuestionamiento a su coherencia narrativa y su capacidad de reinventarse después de años de ausencia.
¿El final de una era?
El tráiler que lanzó HBO en enero de 2026 ya anticipaba un tono más oscuro y maduro. Rue aparece envuelta en una deuda con Laurie, la narcotraficante que cerró la segunda temporada como su amenaza más concreta, y su voz en off sugiere un personaje que intenta reconstruirse desde cero. Hay drogas, armas, un salto temporal hacia la vida adulta. Todo apunta a que Levinson intentó reinventar la serie más allá de los pasillos del instituto. El problema, según la crítica, es que la reinvención no terminó de cuajar.
Con sus escenas incómodas, sus personajes estancados y una recepción que mezcla el escándalo con la indiferencia, la tercera temporada de Euphoria llegó como el capítulo más cuestionado de su historia. La serie que alguna vez redefinió el drama juvenil enfrenta hoy su mayor prueba: convencer a una audiencia que la esperó cuatro años y que ahora exige que el espectáculo valga la pena.