En medio del debate más encendido que ha vivido el cine en décadas, el Festival de Cannes 2026 se ha convertido en el escenario perfecto para una de las propuestas más provocadoras y discutidas del año: la presentación de una colección de cortometrajes para adultos generados íntegramente con inteligencia artificial, basados en fotografías de revistas eróticas publicadas hace medio siglo. El proyecto, dado a conocer en los márgenes del certamen —no en su sección oficial—, ha encendido el debate sobre los límites éticos, legales y creativos de la IA aplicada al cine.
Según informó la revista Variety, los cortometrajes fueron construidos a partir de reportajes fotográficos de publicaciones eróticas de los años 70, animando y recreando esas imágenes con herramientas de inteligencia artificial generativa para producir secuencias de video. El resultado es una suerte de archivo audiovisual retrofuturista que combina la estética de la época con la tecnología más avanzada del presente. La propuesta se enmarca, además, en un festival que este año ha decidido integrar de forma más activa la discusión sobre la IA en la industria cinematográfica, con un apartado específico dedicado a obras asistidas o creadas completamente por estas herramientas.
La llegada de esta pieza a Cannes no ocurre en el vacío. Días antes, el World AI Film Festival (WAIFF), el mayor certamen internacional de cine hecho con inteligencia artificial, celebró su segunda edición precisamente en la misma ciudad, congregando más de 5.500 obras enviadas desde 80 países. En ese contexto, figuras como el pionero de la electrónica Jean-Michel Jarre advirtieron que la IA representa «el lejano oeste», un territorio sin regulación clara donde la autoría, los derechos de imagen y el uso de material previo son preguntas sin respuesta. La colección de cortometrajes para adultos toca de lleno esa herida: ¿quién es el autor de una obra generada a partir de fotografías de personas reales que, en muchos casos, nunca consintieron el uso de su imagen con estas tecnologías?

El debate no se agota ahí. En el marco del festival, varios cineastas reconocidos señalaron que la IA tiene un impacto directo sobre los trabajadores de base de la industria, y que su avance, pese a ser imparable, requiere marcos legales urgentes. El director Mathieu Kassovitz, ganador del premio a mejor dirección en Cannes en 1995, reconoció que su próxima película no podría realizarse sin IA, pero advirtió que «los trabajadores de base de cada departamento cinematográfico serán sustituidos». En ese clima, la colección de cortometrajes eróticos funciona también como una provocación calculada: pone sobre la mesa las contradicciones de un medio que abraza la IA con entusiasmo, pero que aún no sabe cómo lidiar con sus consecuencias más incómodas.
Por ahora, la iniciativa ha conseguido su objetivo más inmediato: generar conversación. Lo que queda por resolver es si el cine —y la sociedad— está preparado para fijar las reglas de un juego que, al parecer, ya comenzó sin pedirle permiso a nadie.