A lo largo de la historia, la humanidad ha encontrado formas de preservar su legado. Desde fragmentos de papiro y mosaicos hasta tablillas de cera, estas evidencias nos permiten comprender cómo vivían civilizaciones antiguas, como los pompeyanos hace 2.000 años. Sin embargo, surge una pregunta inevitable e inquietante para nuestra era digital: ¿cómo recordarán nuestros descendientes el estilo de vida del siglo XXI si muchas de nuestras experiencias, que hoy existen solo en internet, se pierden?
La fragilidad del legado digital
Los datos son alarmantes. Un estudio del Pew Research Center reveló que, entre 2013 y 2023, una cuarta parte de todas las páginas web ha desaparecido. La pérdida se vuelve aún mayor con el tiempo: el 38% de las páginas web que existían en 2013 ya no están disponibles. Incluso el contenido reciente es vulnerable; alrededor del 8% de las páginas creadas en 2023 ya no existían para octubre de ese mismo año. Este fenómeno no solo afecta a sitios personales, sino también a recursos cruciales, como artículos de Wikipedia y páginas de gobiernos.
La falta de esfuerzos consistentes para guardar nuestra vida digital podría complicar la labor de historiadores en el futuro, quienes encontrarán difícil entender cómo vivimos hoy. Aunque la digitalización facilita el acceso a grandes cantidades de información, también crea un entorno muy frágil. Mark Graham, director de la Wayback Machine del Internet Archive, destaca que “cada vez más de nuestros esfuerzos intelectuales, entretenimiento y conversaciones existen solo en un entorno digital”, lo que los hace vulnerables a desaparecer.
El rol del Internet Archive en la preservación digital
Pese a los retos, organizaciones como el Internet Archive, fundado por Brewster Kahle en 1996, han tomado la misión de preservar la historia digital. Esta organización sin fines de lucro con sede en San Francisco ha archivado más de 866.000 millones de páginas web, 44 millones de libros y 10,6 millones de videos.
Además de páginas web, el Internet Archive conserva documentos y medios anteriores a la era digital, como libros y programas de TV que ya no están en otras plataformas. También permite a cualquier usuario subir contenido para preservarlo, y es una fuente común para citar referencias en Wikipedia, especialmente cuando los sitios originales han desaparecido.
Existen otras entidades que también conservan partes del contenido digital. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, por ejemplo, guarda sitios web gubernamentales y de miembros del Congreso, mientras que el Archivo Web del Reino Unido realiza un rastreo anual de sitios web con dominio .UK, creando una instantánea de la web británica cada año. Sin embargo, el enfoque del Internet Archive sigue siendo el más amplio, intentando crear un registro que abarque tanto como sea posible.
La Wayback Machine, una herramienta del Internet Archive, permite acceder a versiones anteriores de sitios web y ha sido fundamental para mantener viva la memoria de una gran parte de la web. Sin ella, muchos enlaces rotos quedarían inaccesibles. No obstante, el entorno digital es frágil, y existen pocos incentivos para que las empresas mantengan su contenido en línea de manera indefinida.
La amenaza de un futuro sin historia digital
La creciente dependencia del Internet Archive como principal guardián de nuestra historia digital plantea un dilema. A pesar de su vasto archivo, su continuidad está en riesgo. Recientemente, el Internet Archive enfrentó demandas por escanear libros físicos, lo que podría acarrear multas significativas, y también ha sufrido ataques cibernéticos que amenazan su infraestructura.
Hoy, la preservación de internet está mayormente en manos de voluntarios y organizaciones no oficiales que operan de forma independiente. Algunos expertos, como el historiador de tecnología Mar Hicks, advierten que la falta de una estrategia centralizada podría llevar a esfuerzos duplicados y a la pérdida de contenido valioso. “Internet es esencialmente una manguera de información y material”, dice Hicks. “Tratar de capturarlo todo no tendría sentido desde el punto de vista de los recursos”.
La desaparición de un sitio web no solo implica pérdida de datos; también significa que se pierden recuerdos y experiencias colectivas. Si no se toman medidas para preservar nuestra historia digital, las generaciones futuras podrían quedarse con una comprensión incompleta de cómo vivimos en esta época.
En un mundo donde se envían casi 1.000 millones de correos electrónicos diariamente y donde las plataformas digitales evolucionan constantemente, la necesidad de un esfuerzo concertado para archivar la información digital se vuelve urgente. Si no actuamos ahora, el legado digital de nuestra era podría desvanecerse, dejando a nuestros descendientes en la oscuridad sobre quiénes fuimos y cómo vivimos.