Los adolescentes que tienen un smartphone propio a los 12 años podrían presentar una mayor frecuencia de síntomas relacionados con trastornos de la conducta alimentaria al llegar a los 14, según una investigación basada en datos de miles de jóvenes estadounidenses. El trabajo encontró una asociación entre la posesión temprana del dispositivo y problemas como una preocupación excesiva por el peso o intentos de modificarlo mediante dietas restrictivas y ejercicio intenso.
El análisis utilizó información del Adolescent Brain Cognitive Development Study, un proyecto de seguimiento a largo plazo que examina el desarrollo cerebral, la salud y el comportamiento de niños y adolescentes en Estados Unidos. La muestra considerada incluyó a casi 9.000 participantes.
Cerca del 70% de los jóvenes tenía un teléfono inteligente propio a los 12 años. Dentro de ese grupo, el 24% informó al menos un síntoma de alimentación desordenada dos años más tarde. En contraste, la proporción fue inferior al 16% entre quienes no contaban con un smartphone a esa edad.
Los investigadores también observaron diferencias en la relación con el cuerpo y el peso. Los adolescentes que tenían teléfono a los 12 años presentaron el doble de probabilidades de vincular su autoestima con su peso. Asimismo, fueron 1,5 veces más propensos a intentar controlarlo mediante el consumo de alimentos bajos en calorías o la realización excesiva de actividad física.
Los autores advierten que los resultados no demuestran que el smartphone sea la causa directa de los trastornos alimentarios. El estudio identifica una relación estadística, pero pueden influir otros factores, como la salud mental previa, el entorno familiar, el acoso escolar, la presión de los pares y el tipo de contenido que consume cada adolescente.
El posible vínculo podría explicarse, en parte, por la exposición constante a imágenes idealizadas y publicaciones centradas en la apariencia. Durante la pubertad, los jóvenes tienden a compararse con otras personas, y las redes sociales pueden intensificar esa conducta mediante filtros, recomendaciones automatizadas y contenidos sobre dietas o transformación corporal.
Investigaciones anteriores basadas en el mismo estudio ABCD también han relacionado un mayor uso de redes sociales con síntomas de atracón y otras dificultades de salud mental. Un análisis citado por especialistas encontró que cada hora adicional dedicada a estas plataformas se asociaba con un aumento del riesgo de síntomas de atracón al año siguiente, aunque estos resultados tampoco prueban causalidad.
Los expertos recomiendan que las familias no se concentren únicamente en la edad en que entregan el dispositivo. También resulta importante establecer límites de uso, conversar sobre autoestima e imagen corporal, revisar el contenido que aparece en las aplicaciones y detectar cambios en los hábitos alimentarios o en el estado de ánimo.
Ante señales como restricciones extremas, preocupación persistente por el peso, ejercicio compulsivo o episodios de pérdida de control al comer, se aconseja buscar orientación de profesionales de la salud mental y de especialistas en nutrición.