El momento ha suscitado durante mucho tiempo dudas. Las tasas de natalidad en Estados Unidos y en decenas de otros países comenzaron a caer en 2007, el mismo año en que Apple puso a la venta el primer iPhone. Dos nuevos artículos académicos, destacados por The New York Times, ahora sostienen que la superposición no es una coincidencia.
Lo que encontró la investigación
La economista Caitlin Myers y su alumno Ezekiel Hooper de Middlebury College construyeron su argumento en torno a una peculiaridad estructural: el iPhone original solo funcionaba en la red de AT&T. Eso les dio un experimento natural. Los condados con una fuerte cobertura de AT&T obtuvieron acceso anticipado a smartphones, mientras que los condados sin ella en gran medida no.
Comparando los datos de fertilidad entre esos dos grupos, los investigadores concluyeron que el acceso al iPhone impulsó hasta la mitad de la disminución de la tasa de natalidad en Estados Unidos entre 2007 y 2011, con el efecto más fuerte en el grupo de edad de 15 a 24 años. En cuanto a la razón detrás de la caída, los investigadores señalan un cambio respecto a la socialización presencial, un mayor acceso a la pornografía y una mayor conciencia sobre las opciones anticonceptivas y abortivas como posibles explicaciones.
Un estudio aparte adoptó una visión más amplia. Hernán Moscoso Boedo, profesor de economía en la Universidad de Cincinnati, y Nathan Hudson, estudiante de doctorado, analizaron datos del Banco Mundial que abarcan 128 países y descubrieron que las tasas de fertilidad adolescente cayeron drásticamente una vez que los smartphones se generalizaron, independientemente de las diferencias en sistemas sanitarios, religión o condiciones económicas. En Estados Unidos, encontraron que los condados con mayor banda ancha y cobertura 4G experimentaron descensos más pronunciados en las tasas de natalidad adolescente.
Una conclusión controvertida
La investigación no ha aclarado el debate. El economista de Baruch College, Theodore Joyce, señala que las tasas de natalidad adolescente ya estaban cayendo antes de 2007, y afirma que la hipótesis del smartphone, aunque plausible, sigue sin demostrarse.
Los estudios llegan mientras los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Asia Oriental lidian con las consecuencias económicas a largo plazo de la disminución de la población. Si los smartphones son un factor importante, eso complica cualquier respuesta política. A diferencia de la recesión o los costes de la vivienda, el tiempo frente a pantallas no es algo que los legisladores puedan eliminar fácilmente.