Martín González Jadell, conocido como influencer, creía tener una noche tranquila en su departamento del sector Lomas de Montemar, en Concón, Chile. En minutos, las llamas consumieron casi por completo su vivienda. Según los peritajes en el sitio del siniestro, el origen fue el sobrecalentamiento de un cargador de celular que no contaba con la certificación correspondiente de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC) y que permanecía enchufado a la red eléctrica. Bomberos trabajó en el lugar y, aunque no se reportaron heridos, el daño material fue prácticamente total.
González difundió lo ocurrido en redes sociales bajo un mensaje que resonó rápido: «no más cargadores chinos», una frase que resume el miedo de millones de personas que cargan su teléfono cada noche sin pensar dos veces en el aparato que usan. La pregunta que dejó abierta es incómoda pero necesaria: ¿realmente podemos confiar en los cargadores genéricos que compramos en el mercado informal, en ferias o en plataformas de compra internacional?

Lo que dicen los estudios: no es una exageración
La evidencia técnica respalda la alarma. Un estudio de la organización británica Electrical Safety First evaluó 64 cargadores genéricos y determinó que el 58% no superó la fase básica de resistencia eléctrica, la que verifica el aislamiento entre el circuito principal y las partes que una persona puede tocar directamente. En otra prueba enfocada en cargadores tipo Apple, el resultado fue todavía más duro: de 64 unidades analizadas, solo una pasó las pruebas de seguridad, es decir, un 98% resultó «altamente inadecuado para su uso».
La organización UL, referente mundial en certificación de seguridad eléctrica, llegó a una conclusión similar tras probar 400 adaptadores de corriente: la tasa de error general fue del 99%, y doce unidades presentaron un riesgo de electrocución letal para el usuario. La misma investigación cita una advertencia de la Asociación de Consumidores de China, que calificó la proliferación de cargadores sin certificación como una «inundación» capaz de convertir dispositivos electrónicos en verdaderas «granadas de bolsillo».
Por qué un cargador «igual» puede ser una trampa
El problema no es solo la marca ni el precio, sino lo que hay dentro. Los cargadores genéricos o falsificados se fabrican reduciendo al mínimo los componentes de seguridad y los materiales aislantes, lo que favorece cortocircuitos, descargas eléctricas y sobrecalentamiento durante el uso normal, sin necesidad de un mal uso previo. Además, muchos de estos productos entregan un suministro de corriente inestable, con fluctuaciones de voltaje que deterioran la batería del teléfono y generan calor excesivo de forma acumulativa.
Un truco frecuente para engañar al comprador es el sello «China Export», una marca casi idéntica al símbolo europeo CE de Conformidad Europea, pero que no certifica absolutamente nada en materia de seguridad. Si un cargador llega sin marcado, con un sello dudoso o sin número de certificado visible, la probabilidad de que sea inseguro aumenta considerablemente.
Cómo saber si un cargador es realmente seguro

En Chile, la certificación clave es la de la SEC, cuyo sello puede verificarse directamente en el sitio oficial del organismo antes de comprar o usar un producto. A nivel internacional, conviene buscar certificaciones de laboratorios de terceros como UL Solutions, Intertek o CSA, además del marcado CE genuino y el certificado RoHS, que restringe sustancias peligrosas en componentes electrónicos.
Los expertos son categóricos: la recomendación es usar siempre el cargador original del fabricante o, en su defecto, uno homologado por laboratorios reconocidos, evitando los adaptadores sin marca ni papeles que circulan en ferias, bazares y algunas tiendas online. El caso de Concón no es una anécdota aislada ni una casualidad: es la confirmación, con pruebas técnicas de por medio, de que ahorrar unos pocos pesos en un cargador puede terminar costando mucho más que un teléfono.