Apple e Intel han alcanzado un acuerdo preliminar que permitirá al fabricante de procesadores producir algunos de los chips que equipan los dispositivos de la compañía de la manzana mordida. Así lo reveló este viernes The Wall Street Journal, citando fuentes cercanas a las negociaciones, en lo que constituye uno de los movimientos estratégicos más relevantes del sector tecnológico en lo que va del año.
La relación entre ambas empresas tiene una historia extensa: desde 2006, cuando los equipos Mac comenzaron a integrar procesadores de Intel, hasta 2020, año en que Apple decidió cortar ese vínculo con la transición a su propia arquitectura, los chips Apple Silicon. Ese quiebre marcó un antes y un después en la industria, pues la compañía californiana demostró que podía diseñar sus propios semiconductores con un rendimiento y eficiencia superiores a los de la competencia. Sin embargo, seis años después, el contexto obliga a reconsiderar esa dependencia exclusiva del fabricante taiwanés TSMC.
La razón detrás de este giro tiene múltiples aristas. Por un lado, la frenética demanda de infraestructura para inteligencia artificial ha tensionado la cadena de suministro de chips a nivel global, y Apple ya ha comenzado a sentir las consecuencias: el modelo Mac mini de entrada desapareció del catálogo y el MacBook Air M5 experimentó un alza de precio. Además, el CEO Tim Cook reconoció en la última llamada de resultados que los costos de memoria seguirán subiendo, obligando a la empresa a explorar nuevas alternativas.
Por otro lado, existe un componente geopolítico innegable. Con la producción avanzada de TSMC concentrada en Taiwán —una región con una compleja relación con China—, diversificar proveedores se ha vuelto una prioridad. Fabricar en plantas de Intel dentro de Estados Unidos también responde a la presión del gobierno del presidente Donald Trump, quien ha instado activamente a las grandes tecnológicas a repatriar su cadena de suministro. El gobierno estadounidense, de hecho, posee un 10% de participación en Intel, lo que refuerza el interés político en que esta asociación prospere.
Según el analista Ming-Chi Kuo, los chips que Intel fabricaría serían los de la serie M de gama base, como los presentes en el MacBook Air, el iPad Air y el Mac mini, mientras que los modelos Pro, Max y Ultra seguirían siendo responsabilidad exclusiva de TSMC. Esto es relevante porque los chips de entrada se producen en mayor volumen y representan un menor riesgo técnico al delegar su fabricación, lo que permitiría a Apple evaluar si Intel puede cumplir con sus exigentes estándares sin comprometer sus productos más avanzados.
Para Intel, un contrato con Apple sería la mayor validación posible para su división de fundición, golpeada tras años de rezago frente a competidores como Samsung y la propia TSMC. La compañía, actualmente dirigida por Lip-Bu Tan, ya ha sumado acuerdos con Nvidia y SpaceX, y este nuevo pacto podría consolidar definitivamente su rol como fabricante de referencia para terceras empresas en suelo estadounidense.