La industria del entretenimiento para niños se encuentra en el centro de un debate ético de gran calado. La empresa Hasbro, propietaria de la franquicia Peppa Pig, está siendo señalada públicamente por intentar que los jóvenes actores de doblaje de la serie firmen contratos que incluyen una cláusula de cesión de derechos de voz para uso en inteligencia artificial. El escándalo ha cobrado especial visibilidad tras la publicación de una carta abierta por parte de la Asociación de Agentes de Jóvenes Intérpretes, que denunció la práctica sin mencionar inicialmente el nombre de la franquicia involucrada.
Fue el portal especializado Deadline el que confirmó que el caso en cuestión corresponde precisamente al elenco infantil de Peppa Pig. Según la información disponible, Hasbro habría enviado contratos bajo el esquema «tómalo o déjalo», exigiendo a los menores —y a sus tutores legales— que consintieran el uso de sus voces para generar contenido de voz artificial en cualquier material comercial relacionado con la franquicia.
La carta abierta de la asociación fue contundente en su posicionamiento: los niños no están en capacidad de otorgar un consentimiento informado y legalmente válido respecto a la cesión de sus voces para tecnologías de IA, y que los padres tampoco deberían estar en posición de hacerlo en su nombre. «Cualquier acuerdo que involucre la voz de un menor debería estar completamente exento del uso de inteligencia artificial», señaló el documento, añadiendo que «nadie debería ver su futuro profesional condicionado por un modelo de IA construido antes de que esa persona tenga la madurez para comprender sus implicaciones».
«Cuando el intérprete es un niño, el consentimiento debe tratarse con el mayor cuidado. Los niños no pueden proporcionar un consentimiento legal plenamente informado y la aprobación de un padre o tutor nunca debería usarse como una licencia general para capturar, clonar, entrenar o reutilizar la voz de un niño indefinidamente», decía la carta.
El caso destapa una problemática más amplia en la industria: la presión creciente de los grandes estudios y licenciatarios por incorporar voces generadas por IA en sus producciones, reduciendo costos de grabación y ganando flexibilidad para crear contenido en múltiples idiomas o formatos sin necesidad de convocar nuevamente a los actores. En el caso de Peppa Pig, la franquicia tiene presencia en decenas de países y genera miles de millones de dólares en ingresos anuales, lo que hace que el volumen potencial de uso de esas voces sea enorme.
Hasbro no ha emitido una declaración pública detallada al respecto, y la presión social y mediática sobre la compañía continúa creciendo. El episodio se suma al debate global sobre los límites éticos del uso de inteligencia artificial en la industria creativa y el entretenimiento.