La actriz australiana Cate Blanchett presentó esta semana el Human Consent Registry, una plataforma gratuita que permite a cualquier persona registrar y controlar el uso que la industria de la inteligencia artificial puede hacer de su nombre, imagen, voz y otros atributos personales. El lanzamiento se realizó ante el Parlamento Europeo, subrayando la dimensión política y regulatoria que rodea el debate sobre los derechos digitales de las personas en la era de la IA.
Blanchett es cofundadora de la plataforma, junto a Nikki Hexum, Doug Leeds y Eckart Walther, y ha contado con el respaldo de un grupo de figuras del cine mundial, entre ellas Meryl Streep, Emma Thompson, Helen Mirren, George Clooney, Tom Hanks, Viola Davis, Kristen Stewart y Javier Bardem. El registro está disponible en rslmedia.org y puede ser utilizado tanto por individuos como por agentes o representantes que actúen en nombre de terceros.
El funcionamiento de la herramienta es sencillo pero efectivo: los usuarios se registran, verifican su identidad y establecen su nivel de consentimiento mediante un sistema de tres colores. El verde indica que se autoriza el uso de su identidad por parte de sistemas de IA; el amarillo, que se permite bajo ciertas condiciones, como el pago de una licencia; y el rojo, que implica una prohibición total. De esta manera, la plataforma busca devolver a las personas el control sobre uno de sus activos más sensibles en el entorno digital: su propia identidad.
La iniciativa surge en un contexto de creciente preocupación por el uso no autorizado de rostros, voces y creaciones artísticas para entrenar modelos de inteligencia artificial o generar contenido sintético sin el consentimiento de los involucrados. Los sistemas de IA generativa han utilizado masivamente imágenes, grabaciones y obras de artistas y ciudadanos anónimos sin ningún tipo de compensación ni autorización, lo que ha desencadenado demandas legales y un debate global sobre los límites éticos del desarrollo tecnológico.
Con el Human Consent Registry, Blanchett y sus socios buscan establecer un estándar de consentimiento informado que pueda ser reconocido por empresas tecnológicas y reguladores. La plataforma está diseñada para proteger tanto las creaciones artísticas como los personajes ficticios y las marcas personales, convirtiendo el consentimiento en un derecho exigible y no en una mera formalidad.