Las fotografías de un Galaxy Watch 5 Pro prácticamente destruido tras nadar en el océano se han viralizado estos días y sirven como recordatorio de que la resistencia al agua de los smartwatches tiene límites muy concretos. En este caso, el propietario utilizó el reloj en el mar confiando en su certificación IP68 y resistencia 5 ATM, pero poco después el dispositivo empezó a fallar hasta quedarse inservible.

Al abrir la carcasa, el usuario encontró depósitos de sal cristalizada en la placa base, el motor háptico y otros componentes internos, señal inequívoca de que el agua había penetrado por micrófonos, altavoces u orificios de presión. Solo tras una limpieza exhaustiva con alcohol isopropílico y herramientas de precisión, el reloj consiguió revivir, aunque con la advertencia de que el daño podría reaparecer a medio plazo.
El problema no es nuevo, pero muchos consumidores siguen interpretando las certificaciones como una carta blanca. En el caso de la serie Galaxy Watch 5, la protección IP68 garantiza resistencia al polvo y a inmersiones breves en agua dulce, mientras que el 5 ATM alude a pruebas de presión estática equivalentes a 50 metros de profundidad en laboratorio. Ninguno de esos estándares contempla el efecto corrosivo del agua salada, el cloro de las piscinas o los golpes de las olas.
Los fabricantes suelen aclarar en letra pequeña que los daños por líquidos no están cubiertos por la garantía, incluso en modelos “aptos para natación”. Eso significa que, si un reloj se avería tras un baño en el mar, la reparación o el reemplazo corren casi siempre por cuenta del usuario. De ahí que expertos y medios especializados recomienden reservar los smartwatches para agua dulce y en condiciones controladas, y evitar especialmente saltos, deportes acuáticos de impacto o exposiciones prolongadas.
El caso del Galaxy Watch 5 Pro ilustra que, aunque la tecnología ha avanzado, un reloj inteligente sigue siendo un dispositivo electrónico delicado. Quien no esté dispuesto a asumir el riesgo quizá prefiera quitarse el wearable antes de tirarse al agua o, al menos, enjuagarlo cuidadosamente con agua dulce tras cualquier contacto con el mar.