Ríos de gente que se estima mueven al menos unas 75 mil personas por día convivieron el sábado 14 y domingo 15 de marzo en el Estadio GNP —antes Foro Sol— para rockear en la 26ta edición del Vive Latino, un festival de música que mantiene su esencia rockera y popular, una especie de anacronismo frente a otros géneros musicales y otras experiencias culturales.
La 26ta edición coincide con el año en curso y, en una especie de hipérbole rockera, como hace 26 años han vuelto a presentarse Los Fabulosos Cadillacs. Vicentico y compañía lograron el domingo atiborrar la plancha y gradas del Estadio GNP para hacer corear a decenas de miles himnos latinoamericanos como “Siguiendo la luna” o “Mal bicho”, que retumbó estrofas sumamente necesarias en este momento tan convulso. “A la guerra, a la violencia, a la injusticia y a tu codicia digo no, digo no…”, cantaban decenas de miles.
No fue el único regreso. Resultó especial para los que nos congregamos en el escenario Amazon el domingo bajo un sol apremiante escuchar de nuevo a Santa Sabina, una de las bandas pilares del rock mexicano y del primer Vive Latino, el de 1988. Ahí estaban Pablo, Alfonso y Juan, excelsos en la guitarra, bajo y teclado, pero también Tania Melo, respetuosamente a la altura de la reina Rita Guerrero para hacernos vibrar con temas como “Azul casi morado”.

Pero no hubo solo actos que más que repeticiones se sienten como presentaciones clásicas, sino también espacio para rostros nuevos. Hace décadas que el Vive Latino abraza otros géneros musicales. El hip hop, por ejemplo, tuvo un momento cumbre con la presentación de Cypress Hill el sábado por la noche. Siguiendo este hilo musical, el domingo temprano, Kevis & Maykyy, artistas promovidos por Amazon Music bajo el sello “Rompe”, llenaron de energía el escenario Amazon con temas como “Guardiola”, lleno de referencias al fútbol y al otrora FIFA (ahora EA FC, porque parece que todo lo que se presenta en el Vive Latino está destinado a cambiar de nombre), y “Chicos del norte”, porque son una agrupación de jóvenes orgullosamente regios que visten playeras de los Rayados y chamarras de los Sultanes. “Aunque les duela, pero esta es la nueva generación del rap mexicano”, dijeron al cierre de una presentación en la que se apreció la misma energía de bandas legendarias como The Beastie Boys.
Lo cierto es que el hip hop californiano de Cypress Hill y el regio de Kevis & Maykyy son solo un reflejo de lo globalizada que está la industria musical. Si a los que terminamos en las gradas con dolor de espalda nos llegaba la música a través de revistas como La Mosca, las transmisiones de Telehit o posteos en Taringa, ahora ese descubrimiento se hace a través del streaming. Amazon, que está extendiendo con mucho músculo su poderío hacia el streaming musical, llevó el Vive Latino a prácticamente cualquier destino del mundo a través de transmisiones en Prime Video y Twitch. Vaya, la transmisión estaba disponible hasta en los Alexa con pantalla. “Nos sentimos como un megáfono de la cultura”, dijo a Digital Trends en Español Paul Forat, head of Music para América Latina en Amazon Music.

Y precisamente así se siente el Vive Latino, como un amplificador cultural. A diferencia de otros festivales, donde parece que la experiencia principal es el asistente mismo y no las bandas que se presentan, acá la música sigue sintiéndose en primer plano. En vez de looks instagrameables no recuerdo a cuántos y cuántas vi con playeras del mítico Unknown pleasures de Joy Division, o una de la gira de 1999 de Rage against the Machine que, asumo, se lava cuidadosamente a mano para que pueda usarse en ocasiones especiales como la presentación del domingo de Tom Morello.
Los jerseys de equipos de fútbol también eran sumamente comunes, y no solo las de clubes argentinos —no vi una sola de San Lorenzo, Vicentico— en un guiño a Los Fabulosos Cadillacs, sino otras que ya entran en la categoría de culto, como Toros Neza o los Tiburones Rojos. La vestimenta, otra forma de identidad cultural, dice de los asistentes del Vive Latino que aquí no hay fomo, solo ganas genuinas de ver a tal o cual banda. El valor del Vive Latino, ese que lo convierte en un tesoro de la cultura musical latinoamericana, es que ha sabido posicionarse como la cita habitual de los y las aferradas a un género que, para estar presuntamente muerto, se siente sumamente vivo, con testigos coreantes como cada una de las 65 mil personas que llenaron el Estadio GNP para cantar “Vasos vacíos”.