De alguna manera, Animal Crossing: New Horizons se siente como el juego indicado para este momento. Este no es un sitio político, pero quienes escribimos contenido dirigido a que realices la mejor compra tecnológica según tus necesidades, no somos ajenos a lo público. Todos y todas hemos estado, en un grado o en otro, expuestos a las noticias del, digamos, convulso inicio de 2026. Y heme aquí, con Animal Crossing: New Horizons, un juego que te recuerda constantemente la importancia de la comunidad, del vínculo intrínseco que tenemos con la naturaleza y de que vivimos en una sociedad capitalista donde, para vivir, hay que trabajar y pagar las cuentas. Todo, claro, con personajes animales que hablan una especie de “mi mi mi mi mimimimim mi miiii mi mi” y que están dispuestos a pagarme lo necesario para comprarme un dormitorio a cambio de unas ramas, manzanas y peces que saqué del río. El capitalismo de Animal Crossing: New Horizons es sumamente buena onda.

Juego Animal Crossing: New Horizons a propósito de la actualización 3.0, que Nintendo llevó a la Switch 2 como una paquete que incluye mejoras gráficas, compatibilidad con el control tipo mouse de los Joy-con 2 y el micrófono de la consola, así como mucho contenido nuevo para el juego. La actualización gráfica y la compatibilidad con el hardware de Switch 2 cuesta $4.99 dólares o $119 pesos mexicanos, sin embargo, el contenido adicional es gratuito (la actualización 3.0). ¿Cómo? Sí, es raro, pero entiéndelo así: Si tienes Animal Crossing New Horizons y quieres la mejora gráfica y la compatibilidad con el hardware de la Switch 2, debes pagar; si no, solo actualiza tu juego a la versión 3.0 y disfruta del nuevo contenido, ya sea en Switch o en Switch 2.
Este horizonte luce bien
Animal Crossing: New Horizons es un juego de “simulación social” (así lo define Wikipedia). Creas a tu personaje y te vas de “vacaciones” a una isla donde un mapache llamado Tom Nook te da la bienvenida junto a una tienda de campaña y la noticia de que le debes 5,000 millas (las millas son una de las divisas del juego). En mi vida real tengo deudas implacables y mis acreedores no dudan en fustigar al teléfono para pedir el pago del mes. A diferencia de mi vida real, Tom Nook es sumamente paciente con la deuda inicial: siempre te sugiere tomártelo con calma, ir a pescar o capturar bichos para juntar de a poco. En Animal Crossing: New Horizons recibes millas y bayas (otra de las divisas del juego) por pescar, capturar bichos, decorar tu tienda de campaña, hacer ejercicios de estiramiento en la plaza de la isla, colgar un anuncio en el corcho de la misma plaza o hasta saludar a tus vecinos. Luego de realizar estas actividades junté las 5,000 millas y logré liberarme de mi deuda inicial para hacerme de otra, esta de 50,000 bayas, para hacerme de una casa. Salí de una deuda para meterme en otra más grande (¡cómo en la vida real!), sin embargo, Animal Crossing: New Horizons hace que endeudarme no se sienta agobiante, sobre todo porque el capitalista Tom Nook accedió a prestarme lo de mi crédito hipotecario a plazos y sin intereses.

Creo que parte de lo que hace de Animal Crossing: New Horizons un juego tan popular (¡ha vendido 47 millones de copias según los números reportados por Wikipedia!) es que sirve como un portal que te lleva a una realidad que, si bien es parecida al mundo real, funciona como de hecho me gustaría que funcionara el mundo real. Puedes dejar de jugarlo por días o semanas, pero tendrás la clase de vida que quieres más pronto si eres constante (ojo, mis sesiones de juego suelen ser de 10 o 15 minutos). También, aunque claramente es un videojuego, tener tu casa o generar los recursos para decorarla como quieres involucra que hagas tareas simples, como pescar o recolectar materiales que encuentras por la isla. Incluso puedes obtener uno que otro objeto útil si visitas el centro de reciclado de la isla.
Lo que quiero decir con esto es que Animal Crossing: New Horizons muestra un mundo idílico donde las cosas funcionan como me gustaría que funcionaran en la vida real. El mundo actual y la vida adulta se han vuelto especialmente estresantes —hay muchísima literatura científica sobre esto—, y aunque es obvio que el juego funciona a una escala minúscula en comparación al mundo real, muestra, muy al estilo de Nintendo, esos aspectos que pueden hacer una pequeña diferencia. Puedo deberle un dineral a Tom Nook, pero siempre saluda de forma cálida; puedo visitar las casas de los vecinos, pero antes toco su puerta; puedo construir yo mismo las herramientas para mejorar mi vida, pero antes debo aprender a hacerlo y tener los recursos para ello. Y si tengo dudas o necesito ayuda, ahí están los animales del ayuntamiento o mis vecinos para ayudarme. Animal Crossing: New Horizons funciona sobre el sentido de comunidad, y eso, aún siendo en un videojuego de animales, se siente increíblemente reconfortante en el mundo actual.