El cofundador de Apple, Steve Wozniak, aprovechó una reciente entrevista televisiva en Estados Unidos para reiterar su escepticismo frente a la inteligencia artificial y su capacidad de reemplazar a las personas. El ingeniero, clave en los primeros años de Apple, reconoció que ha probado algunos sistemas de IA, pero subrayó que “no usa mucho la IA” en su vida diaria.
Wozniak explicó que suele hacer preguntas en las que una sola palabra es clave para el matiz que quiere obtener, pero las respuestas que recibe son largas, correctas en apariencia y “demasiado secas”, sin llegar al punto exacto que le interesa. Ese tipo de interacción, asegura, le deja “decepcionado”, porque echa de menos la sensación de que haya una persona detrás que entienda sus emociones y el contexto de lo que pregunta.
Para el cofundador de Apple, la gran carencia de los modelos actuales es precisamente esa falta de vida vivida: no han experimentado el mundo como los humanos y, por tanto, no captan los matices en la forma de hablar o en las referencias culturales y emocionales que aparecen en una conversación. En su opinión, eso hace muy difícil que puedan “cuidar de otros” o “querer ser buenas personas”, cualidades que asocia a una verdadera inteligencia humana.
Wozniak no descarta que la tecnología siga mejorando y que, algún día, una IA pueda “entenderte como otro ser humano”, pero insiste en que aún no ve señales claras de que comprendamos lo suficiente cómo funciona el cerebro como para recrearlo de forma completa en una máquina. A la vez, advierte que sistemas tan persuasivos pueden hacer más difícil detectar estafas y desinformación, por lo que defiende etiquetar claramente los contenidos generados por IA y reforzar la regulación.
Sus declaraciones se suman a su historial de cautela: en 2023 firmó junto a Elon Musk y otros expertos una carta abierta que pedía pausar temporalmente el desarrollo de los modelos más potentes, ante los riesgos para el empleo y la democracia. Hoy, Wozniak mantiene la línea: la IA es una herramienta poderosa, pero la responsabilidad por lo que se publica sigue recayendo, a su juicio, en los humanos que la usan.