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Cuando los robots mendigan: ¿no será mucho? ¿a dónde hemos llegado?

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Humanoid robot begging for battery by asking for digital donations

La imagen es desconcertante: un robot humanoide en plena calle, extendiendo su mano y aparentemente pidiendo dinero a los transeúntes. No es una escena de una película de ciencia ficción ni un experimento controlado en laboratorio. Ocurrió en China y fue registrada en video, generando debate global sobre los límites de la tecnología y el rumbo que está tomando la automatización.

El protagonista es el Unitree G1, un robot humanoide desarrollado por la empresa china Unitree Robotics. Según reporta Futurism, el dispositivo fue visto en un entorno urbano interactuando con personas de una manera que muchos interpretaron como “mendicidad”. Aunque el contexto exacto del video no está completamente claro —podría tratarse de una demostración o intervención artística—, la escena abre una pregunta inquietante: ¿hasta qué punto estamos normalizando la presencia de robots en roles profundamente humanos?

El simbolismo detrás del gesto

Más allá de lo literal, lo que genera impacto no es solo el acto, sino lo que representa. La mendicidad es uno de los símbolos más crudos de desigualdad social. Ver a una máquina replicando ese comportamiento genera una disonancia inmediata: ¿es una sátira, una crítica o simplemente un experimento mal interpretado?

El Unitree G1 no necesita dinero para sobrevivir. No tiene hambre, ni frío, ni precariedad. Sin embargo, su diseño —capaz de moverse, interactuar y ejecutar gestos humanos— permite recrear dinámicas sociales que históricamente han sido exclusivas de personas. Ahí es donde la tecnología deja de ser una herramienta y comienza a convertirse en un espejo incómodo.

Automatización: del trabajo a la calle

Durante años, el debate sobre la automatización se ha centrado en el reemplazo de empleos: fábricas, logística, atención al cliente. Pero escenas como esta amplían el espectro. Ya no se trata solo de productividad, sino de presencia social.

Si los robots pueden vender, atender, asistir e incluso “actuar” en espacios públicos, ¿qué impide que también ocupen roles simbólicos o performativos que antes eran exclusivamente humanos? En ese sentido, el video del Unitree G1 podría interpretarse como una advertencia: la línea entre lo funcional y lo representacional se está difuminando rápidamente.

¿Provocación, experimento o advertencia?

No es la primera vez que la robótica genera controversia por su uso en contextos inesperados. Sin embargo, este caso destaca por su carga emocional. A diferencia de un robot en una fábrica o un asistente virtual, aquí hay una interacción directa con la empatía humana.

El video ha sido interpretado por algunos como una puesta en escena deliberada para llamar la atención sobre el avance de la inteligencia artificial y sus implicancias sociales. Otros lo ven como una simple demostración tecnológica fuera de contexto. Pero incluso si fuera un montaje, el impacto cultural es real.

Una distopía que se vuelve cotidiana

La ciencia ficción lleva décadas advirtiendo sobre futuros donde humanos y máquinas conviven en escenarios ambiguos. Lo que antes parecía exagerado hoy comienza a materializarse en pequeños fragmentos de realidad.

Ver a un robot “mendigando” no es solo una curiosidad viral. Es una señal de cómo la tecnología puede apropiarse de gestos, roles y símbolos profundamente humanos. Y eso plantea una cuestión más amplia: ¿estamos preparados para convivir con máquinas que no solo trabajan como nosotros, sino que también imitan nuestras vulnerabilidades?

El límite que aún no definimos

La irrupción del Unitree G1 en este contexto no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia más amplia donde la robótica busca integrarse cada vez más en la vida cotidiana. Sin embargo, la regulación, la ética y el sentido común aún van varios pasos atrás.

Porque si bien el avance tecnológico es inevitable, no todo lo que se puede hacer necesariamente se debe hacer. Y quizás esa es la reflexión más importante que deja esta escena: no se trata solo de lo que los robots pueden hacer, sino de lo que estamos dispuestos a aceptar como sociedad.

En un mundo donde las máquinas ya pueden caminar, hablar e interactuar, verlas pidiendo dinero en la calle no solo resulta extraño. Resulta, sobre todo, profundamente incómodo. Y tal vez esa incomodidad sea la señal más clara de que estamos cruzando una frontera que aún no terminamos de entender.

Diego Bastarrica
Diego Bastarrica es Senior Editor y Head of Content en Digital Trends en Español, donde lidera la estrategia editorial, SEO…
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La IA de Huawei está permitiendo conservar a los jaguares mexicanos
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La combinación de Inteligencia Artificial (IA), monitoreo ambiental y participación comunitaria para proteger una de las especies más emblemáticas de América Latina acaba de recibir un importante reconocimiento internacional. El proyecto Tech4Nature México, impulsado por Huawei junto con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y diversas organizaciones locales, obtuvo el premio Global Mobile LATAM Award 2026, otorgado por GSMA en la categoría Impacto Social en América Latina, gracias a los resultados alcanzados en la conservación del jaguar en la Reserva Estatal Dzilam de Bravo, en Yucatán.

Desde el inicio de la iniciativa -en 2022- el proyecto ha permitido identificar individualmente a 16 jaguares y registrar más de 147 especies de fauna silvestre, de las cuales 40 se encuentran en alguna categoría de amenaza. Estos resultados han sido posibles gracias a un sistema de monitoreo compuesto por 26 cámaras trampa y 60 dispositivos acústicos, cuya información tomada es procesada mediante tecnologías de Inteligencia Artificial, que incluyen algoritmos y análisis de datos en la Nube.

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¿Qué ocurre cuando fallan los detectores de IA?
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Investigadores de la Universidad de Aberdeen, trabajando junto a la Universidad Nacional de Australia, descubrieron que las personas pueden mejorar drásticamente su capacidad para distinguir rostros generados por IA de rostros reales tras un periodo relativamente corto de formación estructurada. En lugar de buscar fallos visuales evidentes, se enseñó a los participantes a reconocer patrones sutiles que los generadores de imágenes modernos aún tienen dificultades para replicar de forma consistente.

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Un equipo de investigación liderado por Mingyang Xu en la Universidad Keio, en colaboración con instituciones como el MIT Media Lab, ha presentado un prototipo de robot compañero flotante que planea silenciosamente por el aire en lugar de rodar por el suelo. En lugar de parecer otro aparato, el robot se asemeja a una diminuta criatura flotante, inspirándose en personajes como Campanilla, Mew de Pokémon y los Sprites Soot de Studio Ghibli.

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