Por primera vez en más de un siglo de historia, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicó su examen de ingreso a licenciatura completamente en línea, con la promesa de democratizar el acceso y modernizar un proceso que año tras año deja fuera a miles de aspirantes. Lo que la máxima casa de estudios presentó como un avance tecnológico se transformó, en cuestión de días, en el escándalo educativo más grave de las últimas décadas en América Latina.
La controversia estalló tras la publicación de los resultados del concurso de ingreso al ciclo 2026-2027, cuando aspirantes, expertos y medios comenzaron a detectar anomalías estadísticas difíciles de ignorar: puntajes mínimamente requeridos para carreras de alta demanda como Medicina e Ingeniería que se dispararon de manera atípica, distribución de calificaciones considerada estadísticamente improbable y, lo más alarmante, la aparición de calificaciones perfectas en números inusuales.
Las trampas que burlaron al sistema de vigilancia
Una investigación del diario Milenio, reveló que durante la prueba en línea hubo aspirantes que escondieron teléfonos celulares, tabletas e incluso segundos monitores fuera del ángulo de la cámara para consultar respuestas en plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT y otras herramientas generativas. Los métodos descritos por los propios estudiantes en grupos de redes sociales y tutoriales que circularon en TikTok incluían desde el uso de dispositivos ocultos hasta la contratación de servicios fraudulentos que prometían «respaldar» la aplicación del examen mediante suplantación de identidad o asistencia remota con IA.
Lo irónico del caso es que la misma tecnología que debió garantizar la integridad del proceso —un sistema de supervisión apoyado en inteligencia artificial combinado con monitoreo humano— terminó siendo el centro de la tormenta. La UNAM reconoció que alrededor de 3.000 exámenes fueron anulados por detectar conductas contrarias a la convocatoria, aunque críticos y aspirantes señalan que esa cifra representa apenas el 2% de las pruebas aplicadas, un porcentaje que consideran insuficiente dada la magnitud de las irregularidades reportadas.
Protestas, suspensiones y una denuncia penal
El malestar no tardó en traducirse en acción directa. El 26 de julio de 2026, un contingente de aspirantes, estudiantes y padres de familia se manifestó en Ciudad Universitaria exigiendo transparencia, una auditoría completa al proceso y el regreso del examen presencial para futuras convocatorias. Entre las consignas más repetidas estaba el reclamo de haber perdido su lugar no por falta de conocimiento, sino presuntamente a manos de terceros que habrían recurrido a mecanismos irregulares durante el examen.
Ante la presión, la UNAM anunció la suspensión temporal de las inscripciones al ciclo 2026-2027 mientras una comisión técnica de expertos revisa lo ocurrido. Paralelamente, la universidad presentó una denuncia penal ante la Fiscalía por presuntas prácticas ilegales de personas y empresas que habrían engañado a familias y vendido servicios fraudulentos para vulnerar la seguridad de la evaluación.
El debate de fondo: ¿IA aliada o amenaza en la educación?
Más allá del caso específico, el escándalo de la UNAM enciende una pregunta que las instituciones educativas de todo el mundo están obligadas a responder: ¿cómo garantizar la integridad de las evaluaciones en la era de la inteligencia artificial generativa? La universidad mexicana no es la única que enfrenta este dilema, pero la magnitud de su sistema —la institución pública de educación superior más grande del país y una de las más grandes de América Latina— convierte este episodio en un precedente de impacto regional.

La UNAM no ha confirmado oficialmente una cancelación general del examen ni la modificación de los resultados ya publicados. Lo que sí queda claro es que la credibilidad de un proceso que define el futuro académico de miles de jóvenes mexicanos quedó, al menos temporalmente, en entredicho.