Las farmacéuticas Merck y Moderna anunciaron este miércoles que su vacuna personalizada contra el cáncer, desarrollada con tecnología de ARN mensajero, cumplió con los objetivos principales de un ensayo clínico de fase 3, un hito que podría marcar un antes y un después en el tratamiento del melanoma de alto riesgo. Se trata del primer estudio aleatorizado de fase 3 que logra demostrar de manera contundente el beneficio de este tipo de terapias, conocidas como vacunas de «neoantígenos».
El tratamiento en cuestión, llamado intismeran autogene (también identificado como V940 o mRNA-4157), se administró en combinación con Keytruda (pembrolizumab), la inmunoterapia insignia de Merck contra distintos tipos de cáncer. El estudio, denominado INTerpath-001, incluyó a mil 137 pacientes con melanoma cutáneo en etapas IIB a IV a quienes ya se les había extirpado quirúrgicamente el tumor. Los voluntarios fueron divididos de forma aleatoria en una proporción de dos a uno: un grupo recibió hasta nueve dosis de la vacuna personalizada junto con Keytruda, mientras que el otro grupo fue tratado únicamente con la inmunoterapia durante aproximadamente un año.
Según los resultados preliminares divulgados por ambas compañías, la combinación cumplió tanto con el objetivo principal —la supervivencia libre de recurrencia— como con un objetivo secundario clave: la supervivencia libre de metástasis a distancia. En otras palabras, el fármaco retrasó de forma estadísticamente significativa el regreso del cáncer y su propagación hacia otras partes del cuerpo, en comparación con el uso exclusivo de Keytruda.
Lo más llamativo de esta terapia es su carácter individualizado: cada dosis se fabrica a partir del análisis genético del propio tumor del paciente, identificando las mutaciones específicas —o neoantígenos— para que el sistema inmunológico aprenda a reconocerlas y atacarlas. Esta característica la posiciona como una de las primeras terapias verdaderamente «a la medida» contra el cáncer basada en tecnología de ARN mensajero.
El anuncio tuvo un impacto inmediato en los mercados financieros: las acciones de Moderna llegaron a dispararse hasta un 60% en las operaciones previas a la apertura de Wall Street tras conocerse la noticia [web:9]. Cabe recordar que en enero de este año ambas empresas ya habían presentado datos de un ensayo de fase intermedia que mostraban una reducción del 49% en el riesgo de recurrencia o muerte a cinco años de seguimiento, lo que generó altas expectativas sobre esta fase 3.
En cuanto a seguridad, las compañías señalaron que el perfil de efectos secundarios se mantuvo consistente con estudios previos, sin nuevas señales de alerta. Los efectos adversos más comunes reportados anteriormente incluyen fatiga, dolor en el sitio de inyección, escalofríos, fiebre y dolor de cabeza. El estudio continuará evaluando otros objetivos secundarios, entre ellos la supervivencia global, y los resultados completos serán presentados próximamente en un congreso médico y compartidos con los organismos regulatorios para avanzar hacia una eventual aprobación.