¿Qué es la hidroxicloroquina y para qué sirve (y para qué no)?

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo ha vuelto a hacer: pese a toda evidencia científica que recomienda lo contrario, decide medicarse con hidroxicloroquina porque –afirma él– los trabajadores de primera línea le comentaron, a través de cartas, que lo tomaban. Más allá de pasmo o la incredulidad, no es extraño que a todos nos surjan las preguntas: ¿qué la hidroxicloroquina? ¿Para qué está indicada? ¿Y para qué no?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha reiterado en múltiples ocasiones: actualmente no existe ningún medicamento autorizado para tratar o prevenir el nuevo coronavirus.

“Aunque están en marcha varios ensayos de medicamentos, hasta el momento no se ha demostrado que la hidroxicloroquina ni ningún otro fármaco puedan curar o prevenir la COVID-19”, explica el organismo internacional.

Pastillas colocadas sobre un recipiente.
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De hecho, el uso indebido del medicamento –enfatiza la organización– puede provocar graves efectos secundarios, problemas de salud, e incluso la muerte.

El ensayo clínico Solidaridad, puesto en marcha por la OMS y sus asociados para encontrar un tratamiento eficaz contra el nuevo coronavirus, sí considera la hidroxicloroquina y otros medicamentos, como remdesivir, lopinavir/ritonavir y cloroquina. Sin embargo, mientras no haya pruebas suficientes, la institución advierte que los centros de salud alrededor del mundo no deben administrarlos para este fin.

¿Qué es la hidroxicloroquina y para qué sirve?

La OMS refiere que la cloroquina y la hidroxicloroquina están estrechamente relacionados y se emplean para tratar el paludismo y las afecciones reumatológicas, respectivamente.

“En China y Francia se han realizado estudios a escala reducida que parecen indicar que el fosfato de cloroquina podría ser beneficioso contra la neumonía causada por la COVID-19, aunque es necesario confirmar esos resultados mediante ensayos autorizados”, precisa.

De acuerdo con Medicines for Malaria Venture, la hidroxicloroquina y su análogo, la cloroquina, se derivan de la quinina, que químicos franceses aislaron en 1820 de la corteza del árbol de la cinchona. Se podría decir que el primero es la versión menos tóxica de la cloroquina.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) reitera que actualmente ningún ensayo clínico controlado y aleatorizado ha demostrado la eficacia de la cloroquina y de la hidroxicloroquina para el tratamiento de pacientes con COVID-19. La información sobre su acción antiviral viene de estudios in vitro y series de pacientes con limitaciones de tamaño y metodología.

En personas con patologías cardíacas, el uso de hidroxicloroquina debe ser especialmente vigilado, ya que puede ocasionar trastornos del ritmo cardíaco. La Aemps precisa que no se recomienda la combinación de cloroquina o hidroxicloroquina con otros medicamentos que comparten el riesgo de alterar el ritmo cardíaco.

Pese al impacto que las palabras del presidente de los Estados Unidos pudieran tener, la recomendación es seguir todas las medidas impuestas por los órganos de salud, los cuales coinciden que no se ha demostrado la eficacia total de la hidroxicloroquina y que las personas no deben automedicarse por ningún motivo.

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