Star Wars: The Rise of Skywalker: nuestras impresiones sin spoilers

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Lo recuerdo como si fuera ayer. Cuando apenas tenía ocho años, mi padre llegó a casa con una sorpresa: tenía entradas para una nueva película de ciencia ficción de la que todo el mundo hablaba: Star Wars (La Guerra de las Galaxias). La proyección y su estreno en España fueron en el teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, y 42 años más tarde han elegido este cine para la premiere en el país de Star Wars, The Rise of Skywalker, capítulo final de la saga, y al que tuve el privilegio de asistir invitado.

La llegada al teatro no decepcionó: colas de gente, famosos y un buen elenco de soldados de asalto y pilotos rebeldes perfectamente caracterizados para la ocasión y que atendían gustosos a los selfies. Nervios, tensión y sosteniendo la invitación con fuerza, no fuera que un golpe de viento me la arrebatara. Antes de acceder a la sala, tuvimos que precintar —por motivos evidentes— los teléfonos en unas bolsas especiales y esperar angustiosos a que diera comienzo la fiesta. Y llegó el momento. Se apagan las luces y se enciende la pantalla. Imposible no ser arrastrado por la euforia del público que gritaba enfervorizado y aplaudía.

Un guion encantadoramente conocido

El acto empezó con una sorpresa: la proyección de un corto de no más de tres minutos que recorría la saga en un espectacular montaje que nos dejó boquiabiertos; un gran aperitivo del plato fuerte que no tardó en llegar. A partir de ese punto, el espectáculo te lleva por sendas bien conocidas: “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana”… La rotulación nos adentra en un nuevo episodio más, aunque este es especial porque todos sabemos que es el último y nos sabe a amarga despedida.

Quien haya visto las películas de la saga ya va inconscientemente intuyendo qué escena llega a continuación y qué esperar de los guionistas, pero The Rise of Skywalker apenas deja un solo segundo de respiro. El ritmo es trepidante aunque se nota que el guion ha sido forzado para cerrar todas las deudas pendientes con el espectador: quién es quién, de dónde viene y cómo termina. En el asiento y disfrutando, mismo sitio, misma saga, reviví en mí aquel niño de ochos años mientras que J.J. Abrams te agarra con fuerza de la mano y te lleva por un camino lleno de golpes de efecto y en el que el seguidor de Star Wars reconocerá los guiños y situaciones cómicas.

¿Déjà vu? En el pecado está la penitencia

Y ahora que hablamos de eso, esta entrega cuenta con giros realmente hilarantes en los que los guionistas exhiben una gran agudeza en lo que respecta al sentido el humor. Los personajes, con personalidades muy caracterizadas, siguen de forma muy previsible su comportamiento y es aquí donde uno empieza a sentir cierta y lejana punzada de decepción porque se ve describiendo mentalmente lo que llega a continuación en la pantalla. Y sin margen de error.

Daisy Ridley encarna a la perfección el papel protagonista de Rey, la cara más visible de la Resistencia, mientras que Adam Driver hace lo propio en el “Lado Oscuro” —en mi opinión, con mucha menos fortuna—, pero sobre ambos pesa el insoportable legado de la princesa Leia (Carrie Fisher) y Luke Skywalker (Mark Hamill). No es que el desempeño de los nuevos actores sea malo, es que esta última entrega nos viene a demostrar lo gloriosa y épica que fue la película original. Y esta es la gran conclusión que uno se lleva tras disfrutar de la entrega póstuma: nada se acerca a la película original.

Hablábamos antes de algo parecido a la decepción por cuanto sabes lo que va a suceder poco después, pero a medida que transcurren los minutos empiezas comprender que tampoco te hubiera gustado de otra manera. Star Wars es como ese buen guiso que comes en casa: de antemano conoces el resultado, pero no por ello deja de estar sabrosísimo. La saga es así: un déjà vu que te seduce aunque te intentes resistir.

”Nunca estás solo”

El desarrollo del film tiene un momento en el que baja la intensidad y te ves tentado de mirar el reloj, pero la curiosidad te hace seguir pendiente. Y no decepciona. A medida que transcurre la película y cuando la trama se acerca a su desenlace final, serás testigo de giros inesperados y de cómo los guionistas han sabido cuadrar el círculo magistralmente ante sucesos inesperados (descansa en paz, Carrie Fisher). Pero donde realmente brilla esta entrega es, una vez más, en el mensaje.

Me suelo quedar bastante solo en las tertulias siempre que he defendido que Star Wars es, ante todo, una película espiritual y es que ninguna otra define con tanta precisión el complicado equilibrio entre el bien y el mal; todos llevamos algo de los dos, pero en todos nosotros está la capacidad de decidir. ¿Y qué es si no la batalla entre los jedi y los sith? Al volver a casa, lo primero que hice fue anotar en el diario frases que ya antes me habían ayudado, pero que en The Rise of Skywalker cobran más énfasis.

“Nunca estás solo” o “la Fuerza está siempre contigo” son, más que frases, lemas vitales que deberíamos grabarnos en fuego en los momentos en los que nos invade el “Lado Oscuro”. Llegados a este punto, solo nos queda agradecer a sus creadores la genialidad de esta saga y lo tristes que son las despedidas, aunque como bien saben los jedi, nadie se va, realmente, muy lejos. May the force be with you.

*Gracias a Samsung España, por la invitación

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