La suiza Proton, conocida por su servicio de correo cifrado y su VPN, ha decidido plantar cara directamente a Google Workspace y Microsoft 365 con Proton Workspace, un paquete que agrupa correo, calendario, almacenamiento en la nube, documentos, hojas de cálculo, gestor de contraseñas, IA propia y, como gran novedad, videollamadas cifradas mediante Proton Meet.
Proton Meet se presenta como una alternativa pensada para quienes necesitan conversaciones realmente confidenciales: desde reuniones financieras hasta consultas médicas o entrevistas con fuentes periodísticas. A diferencia de Zoom o Google Meet, que ofrecen cifrado pero no siempre extremo a extremo por defecto, Meet utiliza el protocolo abierto Messaging Layer Security (MLS) para aplicar cifrado de extremo a extremo a audio, vídeo, pantalla compartida y chat en todo momento. Las claves se gestionan en el cliente y los servidores de Proton nunca tienen acceso a ellas, de modo que ni siquiera la propia compañía puede descifrar el contenido de las llamadas.
Otra de las particularidades es que no hace falta registrarse ni entregar un correo electrónico para crear o unirse a una reunión básica: basta con generar un enlace y compartirlo, lo que facilita su uso por activistas, disidentes o cualquier persona que quiera evitar dejar rastros innecesarios. La versión gratuita permite hasta 50 participantes durante una hora, mientras que el plan Meet Professional amplía límites y funciones por 7,99 dólares al mes por usuario, con integración directa en Proton Calendar. El servicio ya está disponible en web, iOS, Android, Windows, macOS y Linux, y puede convivir con calendarios de Google o Microsoft a través de enlaces de invitación.
Proton enmarca este lanzamiento en un contexto en el que grandes tecnológicas han reconocido usar datos de audio y vídeo para entrenar modelos de IA, algo que siembra dudas sobre el alcance real de sus promesas de privacidad. Al apostar por estándares abiertos, auditorías externas y un modelo de negocio basado en suscripciones, la compañía intenta diferenciarse con una promesa simple: que nadie más, ni siquiera ellos mismos, pueda escuchar lo que se dice al otro lado de la pantalla.