Un usuario de PC ha atribuido a su gato haberle salvado la vida después de que su Nvidia GeForce RTX 4090 comenzara a humear y el conector de energía se derritiera mientras él no estaba en la habitación. La historia se originó en un foro taiwanés similar a Reddit y fue recogida posteriormente por varios medios tecnológicos y de entretenimiento. El dueño relató que estaba en el baño cuando escuchó maullidos insistentes; al salir, se encontró con humo saliendo del gabinete y un intenso olor a plástico quemado.

Un viejo problema que no termina de apagarse
Según el testimonio del afectado, el sistema no se apagaba correctamente, por lo que tuvo que desconectar el PC de la red eléctrica para evitar un incendio mayor. Al revisar el equipo, descubrió que el conector de alimentación de la GPU —un 16 pines del estándar 12VHPWR— se había derretido, un fallo que persigue a la RTX 4090 desde su lanzamiento. Nvidia ya había señalado en 2022 que muchos casos de cables quemados se debían a conectores mal insertados, lo que provoca resistencia y acumulación de calor, aunque algunos análisis apuntan también a posibles problemas de diseño y calidad de fabricación.
El debate sobre la culpa: ¿usuario o diseño?

En este episodio concreto, el propietario asegura que el cable estaba correctamente asentado, sin adaptadores y revisado con frecuencia, lo que vuelve a encender el debate sobre si todos los incidentes pueden atribuirse únicamente al usuario. A pesar de que la industria ha introducido revisiones del conector y de que algunos fabricantes han reportado un número relativamente bajo de RMA por cables derretidos, siguen apareciendo casos aislados incluso en 2025 y 2026. La situación ha llegado a juicios colectivos en algunos mercados y ha reforzado la recomendación de usar cables de fuentes certificadas y evitar curvaturas agresivas cerca del conector.
Un recordatorio sobre seguridad en el escritorio
El “gato héroe” se suma a otros relatos recientes de animales y personas que han detectado incendios domésticos a tiempo, pero aquí pone el foco en un riesgo específico del hardware de gama alta. Más allá de la anécdota simpática, el caso subraya la importancia de supervisar equipos muy potentes, revisar conexiones de energía y no dejar cargas exigentes sin vigilancia prolongada. Y, por qué no, de prestar atención cuando el gato insiste en que algo no va bien en la otra habitación.