Durante años, cambiar la batería de un celular fue tan sencillo como retirar una tapa trasera, sacar una pieza agotada y colocar otra completamente cargada. Sin embargo, esa práctica desapareció de los smartphones modernos a medida que los fabricantes apostaron por diseños más delgados, cuerpos de vidrio y metal, resistencia al agua y componentes internos cada vez más compactos.
Ahora, las baterías removibles podrían estar de regreso. No necesariamente en la forma clásica de los teléfonos que permitían retirar la cubierta con las uñas, pero sí como una característica que volverá a ser relevante en la industria móvil. El principal impulso proviene de la Unión Europea, cuya regulación establece que las baterías portátiles incorporadas en dispositivos deberán poder retirarse y reemplazarse con herramientas disponibles comercialmente a partir del 18 de febrero de 2027.
La noticia no es menor. Aunque la norma aplica directamente a los productos comercializados en la Unión Europea, el impacto podría sentirse en otros mercados. Para las grandes compañías, fabricar una versión exclusiva para Europa puede resultar más caro y complejo que adoptar un diseño global. Algo similar ocurrió con el puerto USB-C: una exigencia europea terminó acelerando su incorporación como estándar en distintas regiones.
¿Por qué desaparecieron?
La desaparición de las baterías removibles no respondió a una sola causa. Una batería sellada permite aprovechar mejor el espacio interior del teléfono y facilita la integración de cámaras más grandes, bobinas de carga inalámbrica, sistemas de refrigeración y otros componentes que ocupan cada vez más superficie.

También contribuyó la búsqueda de smartphones más delgados y resistentes. Una tapa trasera desmontable introduce puntos de entrada para el polvo y el agua, mientras que una batería fijada al chasis ayuda a construir equipos con mayor rigidez estructural. Esa arquitectura facilitó la popularización de certificaciones como IP67 e IP68, asociadas con resistencia al polvo y al agua.
El cambio también coincidió con una transformación en las expectativas del público. Los consumidores comenzaron a valorar los acabados premium, las pantallas de mayor tamaño y la carga inalámbrica por encima de la posibilidad de llevar una batería de repuesto en el bolsillo. La batería integrada permitió a los fabricantes responder a esa demanda, aunque a costa de dificultar las reparaciones y acortar, en algunos casos, la vida útil práctica de los equipos.
No será un regreso al pasado
La nueva regulación europea no obliga necesariamente a que todos los teléfonos tengan una tapa trasera que pueda abrirse fácilmente. El concepto de batería “removible por el usuario final” contempla que el componente pueda retirarse con herramientas de uso común, como destornilladores, sin recurrir a instrumentos especializados, calor o solventes.
Esto abre la puerta a smartphones con diseños aparentemente sellados, pero construidos para facilitar el desmontaje. Un teléfono podría incluir tornillos, adhesivos menos agresivos o módulos internos reemplazables, sin abandonar por completo las carcasas de vidrio ni las protecciones contra el agua.
Además, existen excepciones. Algunos fabricantes podrían evitar que el usuario cambie directamente la batería si cumplen determinados requisitos de durabilidad y resistencia. Entre ellos, conservar al menos el 83% de la capacidad después de 500 ciclos de carga, mantener el 80% tras 1.000 ciclos y ofrecer una certificación mínima IP67. En esos casos, la sustitución podría quedar en manos de reparadores profesionales.
Por eso, afirmar que “todos los celulares volverán a tener baterías extraíbles” sería impreciso. Lo que realmente regresa es la obligación de diseñar dispositivos más reparables y con baterías que no queden atrapadas de forma permanente dentro del equipo.
Beneficios para los consumidores

El primer beneficio será económico. Cuando la batería pierda capacidad, el usuario podría reemplazarla sin tener que comprar un teléfono nuevo. La degradación de este componente suele ser una de las principales razones para cambiar de dispositivo, incluso cuando el procesador, la cámara y la pantalla todavía funcionan correctamente.
También mejorará la autonomía en situaciones específicas. Una persona que viaje, trabaje en exteriores o pase muchas horas lejos de un enchufe podrá llevar una batería de repuesto compatible y recuperar la autonomía en pocos minutos. Eso puede ser más práctico que transportar un cargador portátil, especialmente si el teléfono debe permanecer liviano.
La reparación también podría volverse más competitiva. Si las baterías y las piezas de repuesto están disponibles durante más tiempo, los consumidores no dependerán exclusivamente del servicio técnico del fabricante. La regulación europea contempla que las baterías de repuesto permanezcan disponibles durante un periodo mínimo para los productos correspondientes, lo que puede fortalecer el mercado de reparación independiente.
Una oportunidad para la industria
Para la industria, el cambio implica rediseñar interiores, sistemas de fijación, sellos y protocolos de seguridad. Las compañías tendrán que equilibrar tres objetivos que durante mucho tiempo parecían incompatibles: delgadez, resistencia al agua y reparabilidad.
El resultado podría impulsar nuevas soluciones de ingeniería. En lugar de volver exactamente a las carcasas plásticas de los teléfonos de hace una década, los fabricantes podrían desarrollar módulos de batería más seguros, resistentes y fáciles de retirar. La competencia también podría trasladarse desde la simple potencia de carga hacia la duración real del producto, la disponibilidad de repuestos y el costo de mantenimiento.
El beneficio ambiental es igualmente relevante. Un teléfono cuya batería puede cambiarse tiene más posibilidades de permanecer en uso durante varios años, reduciendo la cantidad de residuos electrónicos y la demanda de nuevos materiales. El Parlamento Europeo ha vinculado estas normas con una mayor durabilidad, mejores objetivos de recolección y una gestión más sostenible de las baterías.
La verdadera vuelta de las baterías removibles
Sí, las baterías removibles están regresando, pero no necesariamente como muchos usuarios las recuerdan. El retorno será gradual, regulado y probablemente más técnico: baterías reemplazables mediante herramientas comunes, teléfonos diseñados para repararse y modelos que deberán demostrar una mayor resistencia al desgaste.
La gran pregunta será si los fabricantes convierten esta exigencia en una ventaja competitiva o si la cumplen con el mínimo indispensable. En cualquier caso, el cambio puede marcar el comienzo de una nueva etapa para los smartphones: una en la que actualizar la batería vuelva a ser una alternativa razonable antes de reemplazar todo el teléfono.