Este mega-yate tiene sus propios jardines… ¡y hasta su propia playa!

La compañía noruega Hareide Design ha presentado un nuevo yate que hace parecer a cualquier otra embarcación con ese nombre como una canoa destartalada.

El yate se llama “108M“, nombre recibido por su impresionante tamaño de 108 metros de largo, unos 350 pies, aproximadamente. El concepto cuenta con jardines, salas con ventanales que van del suelo al techo, e incluso su propia playa privada.

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El diseño busca invocar una cubierta transparente, de experiencia al aire libre, para que así los pasajeros pueden estar más en contacto con la naturaleza. Cuenta con un diseño clásico de monocasco, aunque es muy diferente de otros mega-yates, los que por lo general suelen parecerse más a un hotel de lujo que a un invernadero de la naturaleza.

Dentro de los seis niveles de este gigante encontramos una sala elevada que sirve de comedor, así como una terraza superior con un jardín, perfecto para relajarse bajo el sol, tanto como la piscina triangular de 65 pies en la parte delantera. La parte posterior de la embarcación se inclina hacia abajo hasta tocar el agua, creando una especie de playa —eso sí— sin arena. Es más como una piscina infantil con unas cuantas olas que una playa propiamente tal.

El diseño del espacio está claramente destinado a acentuar la belleza del mundo natural, así como la naturaleza del paisaje que el mismo yate vaya atravesando. Desde todos los espacios de su lujoso interior, los pasajeros pueden disfrutar de las vistas del océano. A velocidades más bajas, el yate es alimentado por el sol, gracias a los 3,000 pies cuadrados de paneles solares que posee. Hay un motor diesel que se activa a velocidades más altas. Incluso hay un helipuerto (¡por supuesto que hay un helipuerto!), el cual hace que los viajes hacia y desde el aeropuerto sean más expeditos.

El yate 180M se encuentra en etapa de “concepto”. Sin embargo, Hareide Design está moviendo las imágenes, para ver si se puede encontrar un potencial comprador interesado. El precio ni siquiera se nos ocurre, pero ni que decir que hasta la palabra “rico” parece insuficiente para definir a sus posibles dueños. Mega-ricos, o súper- ricos, quizá sea mejor.