Los ingenieros de Apple podrían negarse a cumplir orden judicial

En el juicio que mantiene enfrentados a Apple con el FBI y el Departamento de justicia de los Estados Unidos parece que va para largo. Y esto no sólo por el juicio en sí, sino por la posible actitud que los ingenieros de Apple tendrían en el caso de que la justicia fallase en su contra, obligándoles a ellos (por fuerza de ley) a prestar su ayuda a las autoridades policiales.

Sucede que algunos consideran que un fallo de esas características afectaría la ética misma de sus trabajos. Y no: no parecen palabras vacías, ya que incluso estarían dispuestos a renunciar a sus (digámoslo) bien remuneradas ocupaciones.

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¿Cómo? ¿Por qué?

Simplemente porque no están dispuestos a socavar la seguridad de los softwere que ellos mismos han creado.

Esta resistencia añadiría una complicación más en la publicitada disputa legal que mantiene la empresa “más valiosa del mundo” y las autoridades federales, todo por el acceso a la información de un iPhone utilizado por Syed Farook, uno de los autores de la matanza perpetrada el pasado mes de diciembre en San Bernardino, California.

La defensa de Apple ha sido categórica en defender la libertad de sus empleados a no acatar acciones que vayan en contra de lo que ellos consideren “ofensivo”.

Apple considera que la petición de las autoridades federales “ofende” los principios básicos de la compañía, y suponen una grave amenaza a la autonomía de la empresa y de sus ingenieros, según los abogados de la empresa de Cupertino.

Las preocupaciones de los empleados ponen de manifiesto la “cultura de empresa” existente en el interior de Apple, cultura impulsada desde su fundación por Steven Jobs y Steve Wozniak.

Se trataría de una cultura “independiente y rebelde”, según palabras de Jean-Louis Gasséee, actual inversor de capital de riesgo, alguna vez director de ingeniería en Apple. “Si el gobierno intenta alguna vez coaccionar a estos ingenieros… pues buena suerte con ello”.

El temor a perder el trabajo no parece asustar a los ingenieros de Apple, cuyas habilidades y aptitudes son de alta demanda (quizás las más altas) en otras empresas del sector. “Si alguien intenta obligarlos a actuar en contra de sus principios, pueden marcharse y encontrar  un trabajo similar en otro lugar con relativa facilidad”, ha dicho Window Snyder, directora de seguridad de Fastly, y antigua CEO de Productos de la división de Seguridad y Privacidad de Apple.

Cumplir con las demandas del gobierno -esto es, obligar a Apple a reescribir el sistema operativo de iPhone, con el fin de poder eludir la contraseña de Farook y acceder a la información de su teléfono y, eventualmente, a la de cualquier otro- tomaría el trabajo de 6 o 10 ingenieros durante todo un mes. Sin embargo, al ser Apple una empresa compartimentada, el crear lo que han llamado un “GovtOS” sería aún más complicado si, más encima, los mismos ingenieros se negaran a hacer su trabajo por cuestiones éticas.

En Apple existe una marcada división de departamentos, y lejos de lo que cabría imaginar, no suele haber mucha colaboración o comunicación entre los equipos. Los ingenieros de hardwere, por ejemplo, trabajan en oficinas específicas, sin relación con los ingenieros de software. Eso sí, cuando se acerca el lanzamiento de un producto, los miembros de los diferentes equipos se reúnen para probar, dar retoques finales y corregir determinados problemas que el producto podría presentar.

Pues bien: un proceso similar debiera darse para producir el sistema operativo de iPhone requerido por el FBI. Esto es: un grupo de ingenieros con experiencia técnica en la escritura de software de alta seguridad… Es decir: ¡los mismos que han trabajado antes en el diseño de seguridad de Apple, tendrían que ahora trabajar para vulnerar esa seguridad!

¿Tarea fácil? Pues no lo parece.

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“Un científico de la computación no pone en riesgo la privacidad ni la seguridad de sus usuarios. Así de simple”, ha dicho Marc Rotenberg, director ejecutivo del Centro de Información sobre Privacidad Electrónica, EPIC: “Sería como pedirle a un médico que administre a alguien una droga letal”.

Pero, ¿qué sucede si se habla aquí de una orden judicial?

Al parecer, un empleado puede resistirse a acatar este tipo de órdenes de muchas maneras. Podría simplemente comenzar a ausentarse de su trabajo, por ejemplo. Hay que considerar también que los ingenieros de Apple se caracterizan por su exquisita creatividad, así que no nos extrañaría que encontraran muchas formas de hacerlo.

Arian Evans, vicepresidente de Estrategia de Producto en RiskIQ, una compañía de seguridad en Internet, sostiene que en el mundo de la tecnología es conocido por atraer gente “saludablemente paranoica” en cuestiones relativas a la seguridad, y tienden a ser extremadamente doctrinarios en temas como el cifrado o la encriptación. Aunque ha agregado que esa determinación puede flaquear cuando se involucran grandes cantidades de dinero.

Lo cierto es que una rebelión de los empleados podría lanzar la lucha legal de Apple con el FBI a un territorio aún desconocido. Cualquier persona -ingeniero o no- sabe que el no cumplimiento de una orden judicial significa un desacato a la ley, con consecuencias penales que llegan tarde o temprano.

Riana Pfefferkorn, miembro de criptografía en el Centro Stanford para Internet y Sociedad, sostiene que Apple podría incurrir en multas diarias si un juez considera que están retrasando premeditadamente el cumplimiento de una orden.

De hecho, en el pasado el gobierno ya ha tomado medidas enérgicas contra empresas de tecnología que se han negado a cumplir ordenanzas judiciales. Se recuerda el caso de un juez que le impuso una multa de $ 10,000 diarios al servicio de correo electrónico Lavabit cuando éste se negó a entregar sus claves de cifrado digital a los investigadores que seguían la información sobre Edward J. Snowden, el ex contratista de inteligencia que filtró documentos sobre la vigilancia gubernamental.

Ahora bien: la respuesta de pequeña empresa podría ser un indicativo de cómo los empleados de Apple podrían reaccionarían ante una orden similar. El dueño de Lavabit decidió cerrar su empresa antes de cumplir con la orden judicial que consideraba contraria a sus valores.